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Sellvorac Tyl'Neiren
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Líder de la Escuela de Nigromancia
RazaSemielfo hoquei
SexoVarón
ClaseMago, Nigromante, Archi-lázar
OcupaciónLider de las escuela de nigromancia de Tera'Halei
Lugar de nacimientoAmad'Aril; Torali
Residencia actualTera'Halei
AfiliaciónEscuela de Nigromancia
EstadoNo-Muerto
AlineamientoNeutral auténico


Cita3¿El mal? con el debido respeto señor, nada en esta vida es blanco o negro, todo posee tonalidades. Mi magia, aunque temida, no es mas peligrosa que las armas de los guardias que le protegen ni que las de los bandidos que acechan en los caminos. Todo depende de como se use. Bien debe usted saberlo, pues no en vano le apodan "el sabio".Cita4
Sellvorac Tyl'Neiren Ante el Duque Alexander IV "el sabio" .


Sellvorac Tyl'neiren, el Archi-lázar, es el actual líder de la Escuela de Nigromancia. Un semi-elfo de linaje hoquei cuya vida se torció dramáticamente hasta convertirse en una figura inmortal cuya existencia provoca inquietud en aquellos que recuerdan su nombre.

BiografiaEditar

IniciosEditar

Sellvorac Tyl'neiren nació en la pequeña aldea hoquei de granjeros llamada Torali. Hijo de una humana y un elfo hoquei. Su madre Elisabeta se mudó con su padre a Torali para fundar una taberna. Los humanos tardaron en ser acogidos por la sociedad rural debido a desconfianza natural de los habitantes de Torali a los extranjeros, pero lentamente se hicieron un hueco. Elisabeta conoció allí a Eliandrum Tyl'Neiren un modesto elfo que no tenia problema con relacionarse con gente extraña y que siempre quiso salir de aventuras, pero sus deberes con su tierra se lo impedían, ya que salir de Torali, implicaría perder las tierras que heredó de su padre. Eliandrum y Elisabeta, contrajeron matrimonio, a pesar de las criticas del pueblo, que no veía nada bien la union de un hoquei, con una mujer de otra raza, como la humana. Tiempo depsués el padre de Elisabeta murió, y esta heredó la taberna que tubo que cerrar debido a la mala fama que adquirió tras su matrimonio. Eliandrum tubo que deshacerse de algunas tierras para poder mantener a su mujer y a su futuro hijo. Las cosas parecieron estabilizarse, hasta el dia del nacimiento de Sellvorac, ya que Elisabeta murió en el parto.

InfanciaEditar

Eliandrum crió completamente solo a su hijo, aguantando los sermones de sus vecinos, que insistian en que su desgracia era un castigo por juntarse con los humanos de un modo tan intimo, pero las criticas y desprecios del pueblo le importaban poco a Eliandrum, pues en su hijo podia ver a su mujer y se propuso hacer de él lo mejor que un granjero hoquei, con ingresos cada vez menores, pudiera.

Sellvorac creció como un niño despierto, curioso, que observaba y aprendía de todo a su alrededor. Le encantaba ver como los autómatas de granja hoquei labraban y siempre trataba de ver el modo en que funcionaban las cosas que veía. Pasó la infancia haciendo puzzles y acertijos que su padre y un amigo suyo, un humano mago llamado Cámador que les visitaba muy a menudo, le daban. Pronto, su padre y Camador se convirtieron en las únicas personas de la vida de Sellvorac y fue por Cámador que Sellvorac se empezó a interesar por la magia.

Los demas aldeanos le veían como una vergüenza para la raza, un sangre mezclada, y esta aversión de los padres, se traspasaba a los hijos, que pronto dejaron de considerar a Sellvorac un igual y le consideraban poco mas que un perro e incluso algunas personas se indignaban cuando le veían aparecer en las exibiciones de magia de Cámador y otros magos de la región cercana a la aldea. Camador, en petición Eliandrum, enseñó a Sellvorac lo que cualquier chico debería haber aprendido en la escuela, pero Sellvorac no podía permanecer toda su vida entre cuatro paredes, pues no en vano, era un niño, aun que creciese mas rapidamente que los demas que conocía.

Adolescencia e incios de la magiaEditar

Muchas veces intentó entablar relación con otros jovenes, pero todas era infructuosas, cosa que lentamente iba deprimiendo a Sellvorac y menoscabando su personalidad, para gran pena de su padre. Al llegar a los 12 años, Sellvorac pasó de ser un joven alegre y curioso, a un joven distante y desmotivado, lo único que le movía más o menos eran las, cada vez mas escasas, visitas de Cámador por culpa de viajes propios, que le empezó a enseñar algunos truquillos de prestidigitación. En una tarde tormentosa en que Sellvorac acompañó a Cámador hasta la salida del pueblo, Sellvorac se topó con un grupo de jóvenes de elfos más crecidos y durante mas de la mitad del camino a casa tubo que aguantar sus burlas y estupideces, hasta que el orgullo de Sellvorac tiró de él y se enzarzó en una pelea con ellos. Desgraciadamente, eran más y al poco que pudieron coger piedras dieron a Sellvorac la paliza de su vida. Volvió sangrando y con numerosas heridas en la espalda a su casa.

Al poco tiempo, una vez se hubo recuperado, Sellvorac decidió que no queria aguantar más, y en un momento que su padre salió a encargarse de las maquinas del campo, el joven cogió un cuchillo para terminar el trabajo que sus vecinos dejaron a medias. Eliandrum se lo encontró en el suelo desangrandose, casi incosnciente. Le cogió y, tan rapido como pudo, le llevó hasta el sacerdote local, quien cuidó de el y paró la hemorragia en el ultimo momento.

A la semana Sellvorac despertó, pero había algo distinto en él. A veces, a su padre le costaba reconocerle. Seguia siendo distante, callado y desconfiado, pero ahora había algo siniestro en su mirada. Se pasaba horas enteras mirando el pueblo a traves de la ventana y su padre notó en su mirada un rastro de odio que nunca antes le había visto. En poco más de un mes, Sellvorac, con rontunda sequedad, anunció que odiaba ese pueblo con toda su alma y a todos sus habitantes y que deseaba abandonarlo cuanto antes. Muchas veces insistió a Eliandrum para que se fuesen a vivir con Cámador, pero siempre recibía la negativa de su padre. Sellvorac decidió no esperar y se fue, sin decir nada a su padre, salió del pueblo, gritando que obtendria el poder suficiente para que le respetasen y para que todos se diesen cuenta de quien era, no le importaría que le odiasen o le temiesen, con tal de que le respetasen, haría lo que fuera. Caminó unos dias hasta encontrar la actual casa de Cámador quien había vuelto a la región y le imploró que le dejase quedarse, pero su padre ya estaba allí, pues suponía a donde se habría dirigido. A pesar de la regañina de su padre, Cámador se puso del lado del joven, pues si tan mal estaba en ese pueblo no veia por que debía quedarse allí solo para pasarlo mal. Con gran pesar, Eliandrum aceptó y le dejó quedarse, pues a pesar de todo, solo buscaba la felicidad de su hijo, y sabia que en Torali, no sería feliz.

Durante unos años, Cámador instruyó a Sellvorac en las artes de la magia y le enseñó las distintas escuelas. Cuando Sellvorac oyó hablar de la nigromancia, decidió que esa sería la mejor manera de llegar a su objetivo de venganza e insistió a Cámador para que le enseñase la magia de la muerte. Su maestro se negó en rotundo, pues la nigromancia era una escuela peligrosa para los que la usaban y muchos nigromantes caian en la desgracia y la locura, llevados por su ansia de poder. Todo eso a Sellvorac no le importaba, era el mejor modo de demostrar a esos malditos elfos quien era él de verdad y hacerles pagar todos y cada uno de sus años de sufrimiento, así que a escondidas de Cámador, Sellvorac intentó buscar información de la escuela prohibida, infructuosamente, pues su maestro no poseía gran información en ese aspecto. Afortunadamente, la personalidad afable y cercana de Cámador dejó su ligera marca en Sellvorac, quien lentamente con los años, fue olvidando su odio anterior por todo lo relacionado con Torali, pero no despareció asi su interes por la nigromancia, pues recordaba constantemente su experiencia cercana a la muerte y quería desentrañar los secretos de una escuela tan misteriosa, además Sellvorac ya pensaba que la nigromancia no debia ser tan peligrosa, no por su propia esencia, sino por la de quien la usaba, cosa que aprendió del propio Cámador, quien multiples veces le avisaba del peligro del mas minimo conjuro, que podía ser un arma de doble filo. En sus ultimos meses de convivencia, Sellvorac consiguó convencer a Cámador para que le ayudase a estudiar nigromancia argumentandole a Cámador que la nigromancia no era mas que una herramienta como una espada, por ejemplo, tan noble en manos de un soldado defendiendo un reino, como pérfida en manos de un asaltante de caminos. Convencido por el argumento dialogante de Sellvorac Cámador aceptó y cuando vió que poco mas podía hacer para enseñar a Sellvorac, le regaló un baculo con la forma de la cabeza de un caballo, simbolo de honor, que Cámador insitia que veia en Sellvorac y finalmente le dejó marchar.

Nigromancia y el nuevo maestroEditar

Cámador le dió a Sellvorac la dirección para encontrar a un viejo conocido, un anciano humano que tuvo sus inicios en la escuela de nigromancia y vivia apartado del mundo debido al desprecio que levanto sobre otros por interesarse en esas artes. Así pues con 19 años Sellvorac salió y visitó por ultima vez a su padre y la aldea maldita que martirizó su infancia. Cuando entro la gente no le reconocia, habia crecido, se dejó barba para parecer mayor y se obsesionó con tapar su aspecto élfico, dejandose el pelo largo para tapar sus orejas. Visitó a su padre y le dio las nuevas y le anunció que partia lejos de allí. Su padre le despidió alegre al ver que su hijo habia encontrado algo que le ilusionaba, y Sellvorac se fue, no sin antes encontrarse de nuevo con los mismos elfos que le apalizaron de joven. Estos, no habían crecido demsiado, pues lo elfos crecen más lentamente, pero eso no les paró y comenzaron a burlarse de nuevo. Sellvorac revivio ligeramente sus demonios pasados y aprovecho mas de un conjuro simple para dejarlos en jaque de un par de movimientos. Siguió su camino en busca de su nuevo maestro, y se fue satisfecho, ahora, le respetarían.

Tras unas semanas de camino, llegó a la dirección que le dió Cámador. El lugar era una modesta choza, en medio de una colina, en las tierras mas lejanas de del limite sur de Amad'Aril. Al entrar se presento a Agrand, quien ya estaba avisado de su llegada. Su nuevo instructor parecia desconfiado de Sellvorac. Decia que le veia incapaz de estudiar nigromancia, asi que paso meses hacienle pasar diferentes pruebas de voluntad. Agrand le confesó que su objetivo había sido erradicar a los nigromantes malignos conocidos de Iskemar, ya que era culpa de ellos, el que el se tuviese que esconder de la sociedad. Confesó también, que hacía mucho que se rindió y que pensaba que eran demasiado pocos los capaces de superar los sentimientos de avaricia o venganza que la mayoria de las veces te encaminan a la nigromancia. A pesar de todo, entrenó duramente a Sellvorac, con pruebas fisicas y morales que rozaban la tortura. Asesinó a mas de un nigromante o iniciado cultista y, ademas, gracias a Agrand Sellvorac ya poseia algunas cicatrices mas de recuerdo, aparte de las de sus vecinos élficos. El anciano enseñó a Sellvorac el ritual de invocación del familiar y fue asi como Sellvorac entro en contacto con el Cuervo Ugüin, que seria su compañero y vigia eterno.

Agrand habló a Sellvorac de la isla de Tera'Halei, una isla donde se eneseñaba la nigromancia lejos de las jurisdicciones de las demas escuelas de magia y le dijo que en un futuro, si de verdad pensaba seguir con la nigromancia, debia ir allí.

Al cabo de 5 años, Agrand enseñó a Sellvorac todo lo que el estaba dispuesto a enseñarle y le obligó a marcharse, pues lo demas, lo habria de aprender el por su propio pie. El áspero y anciano maestro le entregó dos cosas antes de su ida. Primero una túnica purpurea, casi negra, con pequeños ribetes dorados, símbolo de la escuela de Tera'Halei. Sellvorac cogió solo la capa y un chaleco, para resguardarse, el resto lo dejó ahi, alegando que el habito no hace al monje.

Lo segundo que le entregó fue una bolsa con un orbe mágico. Le ordenó que llevase ese orbe hasta el Duque Alexander IV el sabio. Regente de una zona Portuaria de Iskemar. El Duque, según dijo Agrand, planeaba hacer un ataque directo a la isla de Tera'Halei para acabar con la amenaza nigromantica y le ecomendó que si de verdad deseaba aprender nigromancia, debía evitarlo. Tal vez el orbe le fuese de ayuda, pero bajo ningun concepto debia verlo antes de darselo. Le acompañaría hasta el lugar un sirviente que conduciría un carro.

Y asi, un Sellvorac tranquilo, maduro, tácito, siniestro, con un perfecto autocontrol, con un objetivo marcado y forjado a base de duras pruebas, salió a sus primeras aventuras por el mundo de Iskemar.